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Leyendas folclóricas

LA CRECIENTE


Canoa, canoa, eran  los gritos que se escuchaban en el pueblo, aún no había rayado el alba cuando todos los barbacuanos estaban de pie listos para tender la emergencia.


En una ocasión fue tanta la fuerza emitida por el afluente, que arrancó  una pequeña vivienda con un gallo encima de su techo, el cual pasó por el río Telembi  frente a todos los habitantes de Barbacoas. Este suceso fue para muchos algo jocoso, excepto para los dueños de la casa quienes perdieron todos sus bienes.

Mientras varias mujeres aprovechaban el agua para lavar sus casas, algunos niños y jóvenes salían en vestido de baño para pegarse su chapuzón como si se tratase de una especie de carnaval.

Foto: http://www.ecohotelkipara.com/2014/10/quieres-conocer-las-leyendas-mas.html
La noche anterior era fresca como pocas, el ruido producido por los relámpagos y la lluvia que caía sobre los techos de zinc impedía que cualquier cristiano lograse conciliar el sueño, en esos momentos muchos añoraban poseer una cobija pues las mujeres dormían con camisas de dormir escotadas y los hombres en ropa interior, parecía que ya todos sospechaban lo que iba a ocurrir, pues esto no era una novedad para los Barbacuanos. 

Barbacoas es una  población situada en el Departamento de Nariño Litoral Pacífico, rodeada por dos ríos el Guaguí y Telembí, el primero afluente del segundo. Esta es una región selvática, boscosa, húmeda, de clima cálido, que  en invierno debido a las fuertes lluvias los ríos se desbordan de su cauce provocando crecientes.

No había salido el sol cuando Tomasito Maquase empezó a gritar: “canoa canoa”, estas palabras en el pueblo significan que el río ha crecido y por ende se necesita ayuda. Por ello todos  los habitantes del lugar salieron de sus casas,   dispuestos  a colaborarle a sus paisanos.

Diógenes Lemos, quien tenía un  alquiler de canoas de diferentes tamaños, conocido folklóricamente en el lugar como la Flota Mercante Grancolombiana, cada vez que había creciente prestaba de forma gratuita sus canoas, para que las personas lograsen salvar a los niños, sus bienes y animales.

Quienes vivían en Guayabal, un barrio ubicado a las orillas del  río Telembí  eran los más afectados con dicha circunstancia. Pues debido a su situación económica, sus casas eran rústicas y construidas en precarias condiciones. Con la creciente, estas viviendas  quedaban  destruidas o en algunos casos en muy mal estado.

Desafortunadamente en este pueblo olvidado por todos, ni el Departamento, ni  la Alcaldía, ni mucho menos la Nación  prestaba ayuda a éstas personas, por lo que ellas debían conformarse con la poca colaboración que le otorgaban las demás familias dependiendo de sus capacidades económicas y su buen corazón.

No obstante que para muchos la creciente significaba desgracia, otros por el contrario aprovechaban el desorden, para pasear en canoa y los que no contaban con la posibilidad de tener un potrillo, sacaban colchones inflables   y navegaban encima de ellos,  Elsa Tobar, psicóloga que vivió muchos años en Barbacoas dice: “Para los muchachos era como una fiesta andar en motores y canoa en las calles y en el río”.
  
Pero los jóvenes no eran los únicos que se divertían con esta clase de sucesos pues los señores del pueblo, aprovechaban la creciente para ir a las cantinas a escuchar música, beber chapil y aguardiente, otros un  tanto más estrafalarios  salían con  gafas de sol y sus enormes grabadoras al hombro al máximo de volumen.

Para otro porcentaje de los barbacuanos la creciente no interfería con la ejecución de sus actividades cotidianas, Licenia Lemos, barbacuana quien en la actualidad reside en Bogotá, dice: “mi hermana Lucia Lemos era una mujer muy piadosa, que no perdía su misa, cuando el río se crecía, a ella la llevaban en canoa hasta donde se acababa la inundación”. También cuentan en el pueblo que en alguna oportunidad el  río subió tan alto  que  doña Lucia no tuvo  inconveniente alguno  en salir por el balcón de su casa y llamar  a uno de sus vecinos que iba en canoa para que la dejase  en alguna calle que estuviese seca.

Y es que la creciente produce todo tipo de sensaciones, incluso existen leyendas y mitos  relacionadas con  la misma, El Riviel es una de ellas. Esta leyenda que se ha difundido a lo largo y ancho de toda la Costa Pacífica cuenta la historia de un espanto que aparece durante la creciente y voltea las canoas de los navegantes sentándose encima de ellas hasta haberlos ahogado o hasta que  el gallo cante . Varias personas del lugar afirman que han visto al Riviel y que muchos han sido víctimas del mismo.

Con el ocaso del día niños, jóvenes y viejos regresan  exhaustos, a sus hogares con el fin de prepararse para la venida del siguiente día, un día como otros llenos de calor, donde la temperatura oscila entre 32 y 34 grados centígrados y el trabajo mejor remunerado es  la venta de limonadas y naranjadas y a pesar del uso de ropas vaporosas y de colores claros  los cuerpos viven sudorosos.